Venta Ambulante |
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Las palabras feria y mercado, casi sinónimas, mantienen todavía una estrecha relación ideológica que se acrecienta notablemente cuando se las considera desde el punto de vista legal. Unas y otras son reuniones periódicas y públicas que se celebran en lugares y días señalados y a las que acuden productores, comerciantes y consumidores para hacer sus transacciones con mayor facilidad. Las mismas denominaciones se aplican también a los lugares o sitios en que tienen lugar estas reuniones y operaciones mercantiles.
Las diferencias que pueden señalarse entre los mercados y las ferias son meramente accidentales. Estas últimas suelen revestir mayor importancia y solemnidad que los mercados propiamente dichos; se celebran generalmente una vez al año y atraen, por lo regular, más concurrencia no sólo de gentes de la población en que se verifican, sino de otras lejanas. Los mercados son más frecuentes (diarios, semanales, etc.), ofrecen menos abundancia de mercancías o productos y sólo por excepción acuden a ellos personas no residentes en el pueblo o sus inmediaciones.
Feria y mercado son voces derivadas del latín. Tiene la segunda su filiación etimológica en el sustantivo clásico «mercatus» (de «mercari», comprar, comerciar). En cuanto a feria, no parece muy acertado señalarle una derivación indirecta acudiendo, como hacen algunos, a la palabra «forum», plaza pública (por celebrarse las ferias en paraje público o al aire libre), o a la forma verbal , «ferendo» (de «ferre», llevar, ofrecer, porque los negociantes llevan a ellas sus mercancías), o al femenino sustantivado, «fera», «fiera» (porque la feria general, instituida en Roma por Tarquinio el Soberbio finalizaba con el sacrificio de un toro que era después repartido entre los cocurrentes) sí se recuerda que los latinos conocían y empleaban la palabra «feriae» con la significación, que aún conserva, de fiestas, vacaciones, suspensión del trabajo; idea que se asocia y liga sin esfuerzo al concepto tradicional de las ferias que sólo acostumbran tener lugar en los parajes donde se celebre alguna fiesta.
Importancia económica
Las ferias y mercados son medios de contratación cuya importancia no cabe discutir. Reuniendo a los productores y a los consumidores evitan a unos y otros el trabajo de buscarse; sirven para fijar los precios y nivelarlos; facilitan las transacciones, los pedidos, las liquidaciones entre los comerciantes, los pagos y las negociaciones; contribuyen poderosamente a movilizar el numerario atrayendo a los compradores con la abundancia de los productos que en ellos se presentan y dan a los industriales el conocimiento del gusto y de las necesidades de los consumidores, colocándoles así en situación de amoldar sus productos a tales exigencias.
Origen y desenvolvimiento histórico
Las ferias y mercados datan de la más remota antigüedad, señalando el primer movimiento de distribución de productos que se origina en las sociedades en vía de desarrollo. Como dijo Spencer (1), el hecho social a que damos el nombre de feria es la onda comercial en su forma primitiva. Nacen al amparo de las festividades religiosas que, reuniendo numeroso gentío, permiten que en los umbrales del templo los comerciantes den mayor salida a sus mercancías y puedan cómodamente adquirir, de otros comerciantes o de los mismos productores, los artículos que para su propio uso o tráfico necesiten. Así pues, las fiestas religiosas se convierten en ferias y mercados, como sucedió en el Antiguo Egipto, o toman un carácter mixto, cual las reuniones periódicas de los peregrinos en la Meca y en las ciudades santas de la India y del nacimiento del Ganges; hecho que vemos reproducirse en Europa, poco después de la invasión de los pueblos germánicos.
(1) Principes de Sociología. edición de París, 1887, segunda parte, cap. VIII.
Este doble aspecto, a un tiempo religioso y mercantil, siguen ofreciendo las ferias durante la Edad Media. Eran grandes fiestas consagradas a los Santos Patronos en las que se daban cita los siervos y los aldeanos para descansar de sus penosos trabajos.
Algunas ferias tenían un carácter más complejo, religiosopolítico unas veces, y otras religioso-jurídico, reuniéndose a la misma puerta de la iglesia al salir de los divinos oficios, los Poderes o Tribunales para celebrar consejos y administrar justicia, al modo como aún en la actualidad se reúne y funciona el Tribunal de las Aguas en Valencia, y estas reuniones daban lugar también a la concurrencia de forasteros y mercaderes llevados de un interés mercantil que se traducía en operaciones de tráfico y comercio.
Andando el tiempo, adquieren los mercados y ferias carácter exclusivamente mercantil y fisonomía propia. Desde este momento se inicia en estas reuniones periódicas el proceso de diferenciación propio de todo organismo o institución que progresa, especializando sus formas y funciones, en armonía con el gran principio económico de la división del trabajo. «Aparecen en los grandes centros de población uno o varios mercados, con distinción de departamentos en los más extensos para los artículos de primera necesidad En los puntos poco poblados o en la infancia de las sociedades, en cada feria o cada mercado se compra y vende toda clase de artículos, desde los de primera necesidad hasta fruslerías y baratijas, lo cual no permite una gran subdivisión de artículos y transacciones.
Con el progreso del comercio y de la civilización, no solamente los mercados de artículos de primera necesidad en cada población se subdividen en grupos para cada artículo, sino que se observa un mercado para artículos de primera necesidad, otro para la venta de artículos especiales, como, por ejemplo, flores y arbustos, y distintos mercados para los articulas principales de comercio».
Mientras que las grandes ferias conservaron su importancia hasta principios del siglo XVIII, los mercados, por el contrario, cumpliendo en más ventajosas condiciones los fines de las escasas ferias, se multiplicaron en las plazas principales y para las más importantes mercancías, convirtiéndose en algunos puntos en diarios; llegándose así a un estado de desenvolvimiento del organismo comercial en que diariamente unos aportan y venden productos que otros compran, lo que constituye una serie regular de ondas frecuentes que transportan los objetos de un lugar de oferta a un lugar de demanda, de un punto de producción a un punto de consumo.
La venta no sedentaria
Si el comercio en general presenta una íntima interrelación con los hábitos y costumbres sociales, la venta no sedentaria, o ambulante, como se la conoce habitualmente, es, sin duda, la de mayor imbricación y tradición, formando parte del acervo cultural y social de nuestros pueblos. Sin embargo, esta forma específica de venta ha sido normalmente la gran olvidada de los estudios dedicados al sector terciario.
Desde una perspectiva histórica, resulta incuestionable la influencia política y social, así como su fuerte poder de atracción en los aspectos mercantiles, que las ciudades donde se celebran mercadillos al aire libre ejercían sobre las poblaciones de su entorno. La cantidad y calidad de las transacciones efectuadas, el flujo generado, tanto de oferentes como demandantes, el desarrollo e impulso sobre las comunicaciones entre ésta y los núcleos urbanos dispersos, repercuten de forma clara en el desarrollo y crecimiento de las ciudades.
Es también en estas primigenias manifestaciones comerciales donde se generaliza la utilización del dinero como medio de intercambio, de donde arranca la creación de los primeros establecimientos comerciales y, por lo tanto, donde tienen su origen los comerciantes estables, y, en definitiva, todas aquellas manifestaciones que con el tiempo han dado lugar a las modernas formas de comercio.
Los tiempos han cambiado, las formas de distribución han evolucionado, se emplea cada vez medios más tecnificados y más acordes con las necesidades de la sociedad moderna, pero la plaza sigue conservando todavía algo de aquel ambiente festivo que ha sido consustancial a estas concentraciones.
IMPORTANCIA ECONOMICA, SOCIAL y CULTURAL DEL COMERCIO AMBULANTE
Importancia y función económica
Los comerciantes ambulantes representan una población activa importante. Se calcula en dos millones el número de personas que viven del comercio ambulante en la Comunidad; su número va en aumento; así: Bélgica 26.000 en 1972 y 69.400 en 1982; Francia 86.000 en 1972 y 100.000 en 1982. En este mismo país, de 600.000 comerciantes, 100.000 serían ambulantes, entre el 27 y el 30 por 100 de las amas de casa compran en los mercados públicos e incluso el 60 por 100 en ciertas regiones rurales.
Una primera definición sobre comerciante ambulante podría ser la de «comerciantes que venden fuera de su domicilio en las ferias. mercados o en el domicilio del consumidor; los pequeños comerciantes de la calle; los vendedores de helados, etc.». Los artistas ambulantes (circo...) son aproximadamente unos 60.000 en la Comunidad.
Debe resaltarse la función económica, insustituible en la distribución, sobre todo en las regiones montañosas rurales y en las costas en los períodos de vacación.
Los comerciantes ambulantes hacen que se beneficie el resto de comerciantes de la animación creada en el centro de la ciudad por los mercadillos; su presencia es un factor no despreciable de «fomento de la competencia y de lucha contra la inflación».
Función cultural de los comerciantes ambulantes
La animación de las ciudades sufriría gravemente de la desaparición de estas categorías de comerciantes y de sus mercados donde se reúnen regularmente; a la inversa que en las grandes superficies genera mente anónimas, en aquéllas no sólo se intercambian productos sino que se entablan relaciones sociales.
STATUS ECONOMICO DE LOS COMERCIANTES AMBULANTES
Igualdad de las condiciones de competencia
Los comerciantes ambulantes no gozan, ni entre ellos ni frente a los comerciantes fijos, de condiciones de competencia siempre iguales. El acceso de los comerciantes ambulantes a ferias y mercados varía de un Estado miembro a otro. En algunos Estados miembros los puestos en el mercado son adjudicados al mejor postor y en otros Estados son otorgados previo pago de un importe fijo. Sería necesario, al respecto, armonizar las modalidades de acceso a los mercados públicos y de instaurar en la Comunidad un registro de ferias y mercados abiertos sin ninguna discriminación a los comerciantes ambulantes residentes en la Comunidad. En este contexto convendría estudiar la cuestión de los «mercados salvajes» (mercados de agricultores) y de proteger los derechos de los comerciantes ambulantes ante este fenómeno. La obligación de los comerciantes ambulantes de obtener una autorización de venta para todos los países de la Comunidad respondería ciertamente a este deseo.